Toque real

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El rey Eduardo, el Confesor (1002-1066), de Inglaterra ganó su nombre a través de su piedad. Sin embargo, tan compasivo y devoto como él era, puede habérsele ido la cabeza un poco.

Había, en ese momento, una enfermedad desagradable conocida como escrófula; una infección de tuberculosis de los ganglios linfáticos en el cuello. La escrófula casi siempre es causada por las bacterias mycobacterium tuberculosis, aunque hay muchos otros tipos de bacteria mycobacterium que la causan. La enfermedad normalmente es causada por la inhalación de aire contaminado con la bacteria microbacterium. Esta bacteria viaja por los pulmones a los ganglios linfáticos en el cuello.[1]

Esta condición llegó a ser conocida como el "mal del rey", porque el rey Eduardo creía que podía curarlo, comenzando una larga tradición de la supuesta habilidad de un monarca para sanar por el tacto en un proceso llamado el "Toque Real".

Todo el asunto comenzó, como dice la historia, cuando una joven casada contrajo la enfermedad porque era incapaz de concebir, lo que provocó una acumulación de "malos humores" en su cuello. El cuello de la mujer estaba inflamado. Una noche soñó que el rey podía curarla lavando el área afectada. Así que al día siguiente, entró en el palacio, le dijo al rey su triste historia, y él estuvo encantado de poder lavarle el cuello.

Mientras el buen rey Eduardo frotaba el área hinchada, la piel se rompía y toda clase de fluidos pútridos brotaban, acompañados por una población sustancial de gusanos retorciéndose (claramente no un caso típico de tuberculosis). Apenas una semana después, los gusanos se habían ido, la herida abierta se había cerrado, sin signos de cicatrización, y un curandero de fe había nacido. El rey Eduardo pronto amplió su repertorio para curar la epilepsia y todo tipo de dolencias, aunque la escrófula seguía siendo su favorita sentimental.

Lo más asombroso es que la práctica del "toque real" continuó en Francia e Inglaterra hasta el siglo XVIII. Fueron desarrolladas ceremonias para la dispensación real del toque, y durante una sola ceremonia, como 1500 personas tendrían el dedo mágico del benevolente gobernante colocada sobre sus cejas. De hecho, parece que casi todo el mundo en esos días fue tocado en la cabeza.

Sin embargo, no todos los monarcas creían ser sanadores. Aquellos que trataron de detener la práctica fueron criticados con vehemencia y acusados ​​de ser personas crueles. El rey Guillermo III de Inglaterra (1650-1702), él mismo un curandero reacio, dispensó algo con cada toque que era realmente valioso, un sabio consejo. Guillermo pondría las manos sobre el paciente y pronunciaría las palabras: "Que Dios le dé una mejor salud y más sentido común".[2]

Véase también

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Referencias y ligas externas

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  1. Escrófula. En la página de MedlinePlus medlineplus.gov.
  2. Linda Zimmermann (2011). Bad Science: A Brief History of Bizarre Misconceptions, Totally Wrong Conclusions and Incredibly Stupid Theories. Publisher: Linda Zimmermann. ISBN: 9780979900242