Timerosal y autismo (mito)

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El timerosal, también conocido como tiomersal, es un compuesto organomercúrico con acción antiséptica y antifúngica. En México aún existe la marca Merthiolate, ampliamente usado como desinfectante de piel, pero aunque el nombre proviene del que fuera el ingrediente principal, el mercurio, hoy en día se comercializa con benzalconio.

El timerosal fue desarrollado y registrado bajo el nombre comercial de mertodol en 1928 por la corporación farmacéutica Eli Lilly and Company y se ha usado también como conservador en vacunas, preparaciones de inmunoglobulinas, antígenos en diagnosis de alergias, antisueros, productos nasales y oftálmicos, antisepsia epidérmica prequirúrgica y tintes de tatuajes.​ Su uso como preservativo en vacuna ha sido controvertido y en 1999 se retiró de las vacunas rutinarias de la infancia en los Estados Unidos, la Unión Europea y algunos otros países en respuesta a miedos populares infundados.​ El consenso científico actual es que no hay evidencia convincente que apoye esos miedos.

El timerosal fue durante décadas el conservante favorito para su uso en vacunas. En peso, se trata de un 50 por ciento de etil mercurio, una forma de mercurio que la mayoría de los científicos considera menos tóxica que el metilmercurio, el tipo que se encuentra en los peces. La cantidad de etil mercurio incluida en cada vacuna infantil fue aproximadamente igual a la cantidad de metilmercurio encontrada en el sándwich de atún promedio.

Timerosal. Cortesía Wikimedia Commons.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, la Administración de Alimentos y Medicamentos, el Instituto de Medicina, la Organización Mundial de la Salud y la Academia Estadounidense de Pediatría han descartado la noción de que el timerosal causa o contribuye al autismo. Cinco estudios de los más importantes fracasaron en encontrar algún vínculo.

Sin embargo, a pesar de todas las pruebas de lo contrario, el número de padres que culpan al timerosal por el autismo de sus hijos solo se ha incrementado. Y en los últimos meses de 2005, estos padres han utilizado sus números, su pasión y sus habilidades de organización para convertirse en una potente fuerza nacional. El problema se convirtió en una de las situaciones más divisivas en la medicina pediátrica.

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Robert F. Kennedy Jr. escribió un artículo en la edición del 16 de junio de la revista Rolling Stone argumentando que la mayoría de los estudios sobre el tema estaban defectuosos y que los funcionarios de salud pública están conspirando con fabricantes de drogas para encubrir el daño causado por el timerosal. Todo lo anterior sin ser científico, sin ser asesorado por científicos certificados en el tema y, lo peor, sin aportar una sola pieza de evidencia.

Los padres de familia habían presentado más de 4,800 demandas, doscientas de ellas de febrero a abril de 1999 solamente, presionaron para que se promulgara una legislación estatal y federal que prohibiera el timerosal. También se ganaron el apoyo de los políticos.

Lo que alarmó a los científicos y cabezas de los sistemas de salud fue que la campaña contra el timerosal estaba causando que algunos padres se alejaran de las vacunas, poniendo a sus hijos en riesgo de enfermedades como el sarampión y la poliomielitis. Un niño enfermo fácilmente puede infectar a otros niños no vacunados y retornarían enfermedades, algunas mortales, que prácticamente ya estaban controladas.

Pero algo malos salió de esto. Empezaron a brotar una serie de tratamientos no probados, costosos y potencialmente dañinos, que incluyen dietas estrictas, suplementos y una técnica de desintoxicación llamada quelación, que se venden por decenas de miles de dólares a padres desesperados de niños autistas como una falsa cura para el "envenenamiento por mercurio". Aún hoy, a casi 20 años de que empezaron, se siguen promoviendo a través de medios que no existían entonces, como Facebook y Youtube. En un caso, un médico obligó a los niños a sentarse en una sauna de 71°C, a tomar de 60 a 70 suplementos al día y extraerles tanta sangre que un niño terminó desmayándose.

Cientos de médicos enumeran sus nombres en un sitio web apoyando la quelación para tratar el autismo, a pesar de que los expertos dicen que no hay evidencia que respalde su uso en ese trastorno. El tratamiento conlleva riesgos de daño hepático y renal, erupciones cutáneas y deficiencias nutricionales.

En 1999, un científico de la Administración de Alimentos y Medicamentos sumó todo el mercurio que los bebés estadounidenses obtenían con un calendario de vacunación completo y concluyó que la cantidad excedía las pautas del gobierno. Algunas autoridades de salud no recomendaron ninguna medida, porque no había evidencia de que el timerosal a las dosis administradas fuera dañino. Otros no estaban tan seguros de que el timerosal fuera inofensivo.

En julio de 1999, la Academia Estadounidense de Pediatría y el Servicio de Salud Pública publicaron una declaración conjunta instando a los fabricantes de vacunas a eliminar el timerosal lo más rápido posible. Para el año 2001, ninguna vacuna administrada de forma rutinaria a niños en los Estados Unidos tenía más de la mitad de un microgramo de mercurio, aproximadamente lo que se encuentra en el suministro diario de leche materna para un bebé.

Muchos de los padres de familia presentaban quejas y demandas referenciando el trabajo del Dr. Mark Geier, un conspiracionista de moda que afirmaba que, según sus estudios, sí existía un vínculo entre el timerosal y el autismo. El problema, para él, es que en lo casos judiciales en que ha intervenido, los jueces lo han desestimado por no confiable.[1]

La gente sigue creyendo que las vacunas, que ya no contienen hoy día timerosal, son causa del autismo, sin embargo, si esto fuera verdad, entonces se podría esperar que la cantidad de niños autistas disminuyera a partir de 1999; pero la evidencia dice lo contrario: la taza de nacimientos de niños autistas ha permanecido casi sin cambio.

Referencias y ligas externas

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  1. Gardiner Harris & Anahad O’Connor (2005) «On Autism's Cause, It's Parents vs. Research». Vía: nytimes.com.