Sensibilidad química múltiple

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La sensibilidad química múltiple (SQM)​ es un supuesto síndrome crónico de etiología y patogenia desconocidas en el que la persona que afirma padecerlo experimenta una variedad de síntomas recurrentes que implican a varios órganos y sistemas, relacionados con la exposición a diversas sustancias a dosis muy bajas (a concentraciones menores de las que se consideran capaces de causar efectos adversos en la población general). Entre las sustancias involucradas se encuentran productos tales como químicos ambientales, medicamentos, ciertos alimentos, etc.​ El estado del paciente tiende a mejorar cuando los supuestos agentes causantes son eliminados o se evita la exposición a ellos. También se le conoce como intolerancia ambiental idiopática.

Cuando una persona con este síndrome entra en contacto con cualquier sustancia química sintética (no solo las tóxicas) les produce todo tipo de síntomas que les impiden llevar una vida normal: dolores musculares y de cabeza, náuseas, mareos, sensación de ahogamiento, taquicardias, fotofobia, espasmos musculares, alteraciones de la digestión. No se trata de una alergia, sino de una supuesta sensibilidad generalizada a cualquier sustancia química artificial.

Historia

El trastorno fue propuesto originalmente como una enfermedad distinguible por Theron G. Randolph en 1950 poco después de ser expulsado de la Escuela Médica de la Northwestern University por sus cuestionables enseñanzas.​ Randolph describió la dolencia como un desorden crónico multisistémico, caracterizado por síntomas muy diversos supuestamente causados por una reacción del organismo a sustancias presentes en el medio ambiente y los alimentos. Los especialistas en alergología (colegas de Randolph) y toxicología criticaron las teorías de Randolph debido a su rechazo a la importancia de los anticuerpos IgE en alergias reales, lo cual entra en conflicto con los conocimientos actuales.​ En 1965 Randolph fundó la Sociedad de Ecología Clínica como organización para seguir promoviendo sus ideas sobre los síntomas que presentaban sus pacientes. Debido a esto, apareció la "ecología clínica", una especialidad médica no reconocida​ por ninguna universidad y cuyos practicantes han sido criticados por hacer creer a pacientes mentalmente enfermos y sugestionables que son químicamente sensibles. En 1984, la Sociedad de Ecología Clínica cambió su nombre por el de Academia Americana de Medicina Ambiental cuyas teorías se han ido extendiendo, basándose más en testimonios que en evidencias.

El Dr. Randolph murió de 89 años debido a una neumonía el viernes 29 de septiembre de 1995 en Delnor Community Hospital en Geneva, Illinois. Vivía en Batavia, Illinois.

Debido a los problemas que se plantean en cuanto a la definición, diagnóstico y tratamiento de la SQM, actualmente la Organización Mundial de la Salud (OMS) no contempla a la SQM como una entidad nosológica con un código específico en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10). Tampoco la Asociación Médica Estadounidense (AMA), la Academia Americana de Alergias e Inmunología, el Colegio Americano de Medicina y la Sociedad Internacional Reguladora de Toxicología y Farmacología la consideran una enfermedad real.

Las personas aquejadas de SQM suelen aislarse del mundo, compran productos de higiene y limpieza supuestamente libres de químicos artificiales y renuncian a muchas actividades cotidianas por miedo a un brote o un ataque.

El problema es que, si bien es innegable que estas personas padecen un problema de salud, las evidencias científicas disponibles hasta la fecha sugieren que los eventos que disparan el síndrome no está causado por el contacto con esas sustancias químicas de las que huyen, sino que se trata de un problema psicológico más que físico, en el que su cuerpo reacciona de esa forma porque es su mente la que así lo espera, y no porque realmente las sustancias tengan ningún efecto sobre ellas. Lo peor es que hay mucha gente sin escrúpulos lista para aprovecharse de su preocupación.

La etiqueta 'sensibilidad química múltiple' fue acuñada por el Dr. Mark Cullen, profesor de medicina laboral en la Universidad de Yale, quien no se identifica como un ecólogo clínico. En un informe de 1987, sugirió siete criterios de diagnóstico:

  1. El inicio del problema puede estar relacionado con una o más exposiciones ambientales documentables, insultos o enfermedades;
  2. Los síntomas involucran a más de un sistema orgánico;
  3. Los síntomas reaparecen y disminuyen en respuesta a estímulos predecibles;
  4. Los síntomas son provocados por exposiciones a productos químicos de diversas clases estructurales y modos de acción toxicológicos;
  5. Los síntomas son provocados por exposiciones que son demostrables;
  6. Las exposiciones que provocan síntomas deben ser muy bajas (niveles muy por debajo del promedio que se sabe que producen respuestas humanas adversas); y
  7. Ninguna prueba ampliamente disponible de la función del sistema orgánico puede explicar los síntomas.

Las definiciones anteriores difieren en gran medida de las enfermedades médicamente reconocidas, como la diabetes, la artritis reumatoide y la enfermedad cardíaca coronaria, cada una de las cuales se asocia con una historia clara, hallazgos físicos y pruebas de laboratorio. Con la SQM, sin embargo, el rango de síntomas es prácticamente infinito; el inicio puede ser abrupto o gradual y puede o no estar relacionado con cualquier exposición específica o factor causal; y los síntomas pueden variar en intensidad, pueden aparecer y desaparecer, y generalmente no se correlacionan con hallazgos físicos objetivos y resultados de laboratorio.

Debido a lo anterior, muchos son los científicos que, basados en estudios, desestiman la SQM como una enfermedad real y las razones son las siguientes:

  • Por un lado, no se ha descrito ningún mecanismo específico para la SQM. El cuerpo humano siempre está en constante contacto con sustancias químicas de todo tipo presentes en el aire, el agua, los alimentos, etc, y no tiene forma de distinguir si son sintéticas o de origen natural.
  • Si la SQM realmente ocurriese como los pacientes (y los que les asesoran) aseguran, nadie hasta esta fecha ha sido capaz de observarlo y describirlo de forma concluyente.
  • Se han hecho estudios para comprobar qué es exactamente lo que desencadena estas reacciones de hipersensibilidad. En ellos, se ha expuesto a los pacientes a distintas sustancias y a distintas dosis para observar esas reacciones. Los resultados muestran que las reacciones solo se producen cuando los pacientes pueden distinguir entre las sustancias reales o las desactivadas. Esto introduce un sesgo evidente en esos resultados, el del efecto nocebo, por el que algo tiene un efecto negativo en la salud solamente porque la persona cree firmemente que lo va a tener. Por ello los investigadores concluyen que los síntomas no se deben a las sustancias a las que se ven expuestos, sino a opiniones y creencias previas de los pacientes.

Estado actual

A día de hoy, mucha gente que cree que padece SQM (pero principalmente mucha gente que hace negocio a costa de las personas que creen padecerla) y utiliza como argumento que ha sido reconocida por la OMS y por muchos países, entre ellos España, como una enfermedad real.

Esto es verdad a medias. La OMS no reconoce la SQM porque no la ha incluido en su Clasificación Internacional de Enfermedades, que ya va por su edición número 11 (ICD-11) aunque la 10 es la que todavía sigue en vigor, y es la principal guía para el reconocimiento y estudio de las enfermedades a nivel mundial. Partiendo de esto, cada país puede incluir otros términos en los índices alfabéticos del ICD, y eso es lo que han hecho algunos países entre ellos Alemania (2000), Austria (2001), Japón (2009), Suiza (2010), Dinamarca (2012) y España (2014), pero eso no supone un reconocimiento de la enfermedad, sino una forma de darle un número extraoficial para unificar su estudio y agrupar casos de esta posible dolencia, es decir, es una herramienta para atender a esos pacientes, que sí son reales, pero no para reconocer la enfermedad, que no parece serlo.

La SQM no está reconocida como enfermedad ni en España ni en ningún otro país, ni está previsto que la OMS vaya a reconocerla como tal. Lo más que hacen algunos países, como España, es atribuirle un código a la “posible dolencia” para conocer “su posible incidencia” entre la población, “aun cuando no sea una enfermedad reconocida”. Lamentablemente, nada de esto acabará con el sufrimiento, muy real, de los enfermos, víctimas muchas veces de profesionales de la salud sin escrúpulos que se lucran con la venta de tratamientos y remedios para enfermedades inexistentes como ésta y la hipersensibilidad electromagnética.

La SQM no es un diagnóstico legítimo. En lugar de probar sus afirmaciones con investigaciones bien diseñadas, sus defensores las están promoviendo a través de publicaciones, programas de entrevistas, grupos de apoyo, pleitos legales y maniobras políticas (como lograr que los gobernadores estatales designen una Semana para Concientizar sobre la Sensibilidad Química Múltiple). Muchos también son parte de una red de acciones legales cuestionables que alegan lesiones por sustancias químicas ambientales.

Muchas personas diagnosticadas con 'SQM' sufren mucho y son muy difíciles de tratar. Las investigaciones bien diseñadas sugieren que la mayoría de ellas tienen un trastorno psicosomático en el que desarrollan múltiples síntomas en respuesta al estrés. Si esto es cierto, los pacientes de "ecología clínica" corren el riesgo de un diagnóstico erróneo, maltrato, explotación financiera y/o retraso en la atención médica y psiquiátrica adecuada. Además, las compañías de seguro, los empleadores, otros contribuyentes y, en última instancia, todos los ciudadanos, están siendo agobiados por reclamaciones dudosas por discapacidad y daños y perjuicios. Para proteger al público, las juntas estatales de licencias deben analizar las actividades de los ecólogos clínicos y decidir si la calidad general de su atención es suficiente para que permanezcan en la práctica médica.

Referencias

  • Staff (2018). Sensibilidad Química Múltiple: una enfermedad falsa con pacientes reales. Vía: Maldita.es.
  • Gámez, Luis Alfonso (2014). La sensibilidad química múltiple no está reconocida como enfermedad en España ni en ningún otro país. Vía: magonia.com.
  • Barrett, Stephen (2016). Multiple Chemical Sensitivity: A Spurious Diagnosis. Vía: quackwatch.com.
  • Wikipedia.