Mapa de Piri Reis

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Mitos
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Contemporáneos

A fines de la década de los veinte del siglo XX, la república de Turquía decidió convertir en museo el palacio de los sultanes otomanos en Estambul, Topkapi. El 9 de noviembre de 1929, Halil Edhem, Director de los Museos Nacionales, descubrió allí un mapa, el cual, por orden del presidente Kemal Ataturk, fue llevado a Ankara para su estudio.[1]

Se trataba del primer mapamundi de Piri Ibn Hadji Mehmed Reis (Ahmed Muhi Aldin Piri), conocido también con el sobrenombre de Muhiddin Piri (Reis significa “almirante” en turco).

Mito

Piri Ibn Hadji Mehmed Reis.

Según la mitología contemporánea, el mapa de Piri Reis es considerado como un "objeto fuera de lugar". En él están dibujadas las costas atlánticas de Europa, África y América. No solo es muy preciso, sino que además contiene accidentes geográficos desconocidos para la época. Incluye los Andes, cordillera que todavía no habían descubierto los conquistadores españoles en 1513; y la costa antártica, cuando ese continente no fue descubierto hasta el siglo XIX. Y la línea costera del continente austral se corresponde con el de esas tierras antes de que quedaran cubiertas por el hielo hace 14 millones de años.

Según Louis Pauwels, Jacques Bergier y Erich von Däniken, el mapa sería la única copia que quedaría de una cartografía hecha abordo de una nave espacial perteneciente a Alienígenas ancestrales.

Mehmed Piri

El autor del mapa, Mehmed Piri, nació en Gallipoli entre 1465 y 1470 y era sobrino de Kemal Reis, marino y pirata. A los doce años, Piri “inició su carrera bajo la vigilancia de su tío, y tomó parte en toda clase de actividades navales”. La vida azarosa del mar no le impidió ser un estudioso, pues “al lado de su lengua nativa, conoció también el griego, el italiano, el español y aún el portugués”.[2] Se cree Piri obtuvo un mapa dibujado por un antiguo marino de Cristobal Colón que cayó en poder de los turcos.

En 1931, el orientalista Paul Kahle presentó el hallazgo en el 18° Congreso de Orientalistas, celebrado en Holanda. El descubrimiento causó sensación por tratarse de un mapa basado, al menos en parte, en una carta náutica de Colón.[3] Sin embargo, pese a la conmoción inicial, el interés por el mapa decayó pronto, y fueron escasos los cartógrafos e historiadores que lo estudiaron seriamente. Durante más de dos décadas el documento quedó semiolvidado.

El mapa

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En su estado actual, el mapa es un fragmento de la obra original. La porción conservada cubre la península Ibérica, el oeste de África, el Caribe y Sudamérica. Está dibujado en una piel de gacela y mide 90X65 centímetros. Se le considera uno de los más antiguos mapas de América, y uno de los pocos que reflejan las ideas geográficas de Colón. En una de las notas que acompañan al mapa, Piri señala que lo terminó “en Gallípoli, en el mes de muharrem del año 919” (de la Hégira; entre el 9 de marzo y el 7 de abril de 1513).

El mapa está diseñado a la manera de un portulano, un tipo de carta náutica que tuvo su auge entre los siglos XIII y XVI. Lo surcan numerosas “líneas de rumbo”, pero carece de líneas de latitud y longitud. Piri utilizó en su carta nueve colores y varios signos convencionales. Muy a la usanza de la época, se encuentra profusamente ilustrado. Adicionalmente, contiene notas escritas en turco, las cuales ocupan casi todo el margen izquierdo del mapa. En éstas, el almirante proporciona detalles reales o imaginarios de los territorios que representa y, más importante aún, informa de las fuentes que utilizó.[1]

Las dos rosas de los vientos principales se ubican aproximadamente sobre los Trópicos de Cáncer y Capricornio. En el mapa se observan también dos escalas. No está claro qué unidad de medida se empleó, pero podría tratarse de leguas portuguesas debido a que Piri reconoce entre sus fuentes varios mapas portugueses.

El mapa menciona los topónimos de 117 lugares. Abundan las transliteraciones de nombres portugueses y españoles. Un caso curioso es el nombre que le da al archipiélago de las Once Mil Vírgenes: les llama “Undizi Vergini”, en un reconocible italiano. Puerto Rico figura como “San Juan Batichdo” y Haití como “Isla de España”. En una de las notas, Mehmed Piri se muestra orgulloso de su obra: “en este siglo no hay un mapa como éste en posesión de nadie”. Un orgullo que el profesor Inam comparte, cuando afirma que comparado con otros mapas del período, el de Piri es el más perfecto y original.

La leyenda

Tras permanecer relegado por años, el mapa de Piri Reis volvió a la arena en 1956, cuando un oficial de la marina turca entregó una copia a la Oficina Hidrográfica de la Armada de los Estados Unidos. El mapa fue examinado por M. I. Walters, quien a su vez se lo presentó al capitán Arlington Mallery. En este punto se inicia la leyenda.

Mallery suele ser citado como arqueólogo y “experto en mapas antiguos”. Lo cierto es que era un arqueólogo aficionado que consagró sus energías a demostrar que Norteamérica había sido colonizada por celtas y vikingos, tema al que dedicó un libro que es un clásico de la pseudoarqueología y la pseudohistoria, Lost America, The Story of the Precolumbian Iron Age in America (1951). Tras estudiar el mapa concluyó que éste mostraba la línea costera de la Tierra de la Reina Maud en la Antártida como debería aparecer sin la capa de hielo que actualmente la cubre. La implicación es obvia: esa costa debió haber sido cartografiada antes de que el hielo apareciera, por lo que el mapa de Piri Reis tuvo que ser compilado de fuentes que se remontaran a esa época olvidada.

La inferencia de Mallery fue aceptada por Walters, y recibió el apoyo de Daniel Linehan, del Observatorio de Weston. En agosto de 1956, Lineham y Mallery participaron en un programa radiofónico en el cual se trató el tema; una transcripción del mismo llegaría a manos del profesor de historia de la ciencia Charles Hapgood, quien quedó impresionado por las opiniones de Mallery.[4] Hapgood llevaba años trabajando en una teoría para explicar las eras glaciares, que implicaba el desplazamiento de los polos terrestres. Ésta había sido expuesta primero por Hugh Auchincloss Brown y se basaba en supuestos desequilibrios ocasionados en la rotación terrestre por la acumulación de hielo en los casquetes polares. Hapgood intentó perfeccionarla, ideando un desplazamiento de la corteza terrestre como un todo sobre el manto a intervalos de milenios. Sus argumentos resultaron tan persuasivos que incluso lograron para su libro Earth’s Shifting Crust, de 1958, unas laudatorias palabras preliminares de Einstein, con quien sostuvo una larga correspondencia.[1]

La existencia de un mapa que mostrara una Antártida sin hielo le servía a Hapgood para apoyar su hipótesis. En 1959 amplió su búsqueda a otros mapas antiguos, como el Oroncio Fine y el Buache. El fruto de sus afanes apareció en 1966: Maps of the Ancient Sea Kings. La idea básica de esta obra es que hace doce mil años existió en la Tierra una civilización tecnológica con los recursos para cartografiar todo el globo, que luego sería destruida por el hipotético corrimiento de la corteza terrestre. De tal civilización no quedó el menor artefacto o edificio, pero sí mapas. Unos mapas excepcionalmente precisos que se copiaron y recopiaron a lo largo de milenios.

Se debe hacer notar que Hapgood no era un vulgar charlatán. Procuró hacer un trabajo sistemático y buscó ayuda en expertos de otras áreas. Para Maps of the Ancient Sea Kings se apoyó en los cartógrafos del 8° Escuadrón de Reconocimiento de la Fuerza Aérea, uno de los cuales, el teniente coronel Harold Ohlmeyer, consideró la explicación de Hapgood como la “más lógica y probablemente más verosímil”.

Pero los anacronismos del mapa no se limitaban a la Antártida; Hapgood creyó constatar que en éste figuraba la cordillera andina, y que uno de los hipotéticos mapas fuente habría sido trazado de acuerdo a una proyección azimutal equidistante centrada en Egipto.

Además, los accidentes geográficos estarían ubicados con una precisión imposible para el siglo XVI. Todo esto cimentaría una leyenda duradera. Sin embargo, de haber dependido sólo de la obra de Hapgood, el mapa de Piri Reis jamás hubiera alcanzado la preeminencia que goza en los medios paracientíficos. Ya en 1960, Pauwels y Bergier lo habían incluido en una hilarante reseña contenida en El Retorno de los Brujos, en la que, entre otras cosas, ponen al almirante Piri a “regalar” sus mapas a la Library of Congress (EE.UU.) a mediados del siglo XIX.[5]

Luego, en 1968, entraría en escena el tenaz traficante de misterios Erich von Däniken, quien en ese modelo de la obscenidad paracientífica titulado Recuerdos del futuro hizo uso y abuso del mapa para sustentar sus falacias sobre astronautas prehistóricos.[6] Esto le aseguró a la obra del almirante una popularidad inagotable, pues de Recuerdos del futuro se vendieron millones de ejemplares. Poco después se añadirían, entre otros, Charles Berlitz y el charlatán J. J. Benítez.

Graham Hancock, en Las huellas de los dioses, mezcla el mapa de Piri Reis con la mitología maya, los números precesionales y el misterio de Orión.[7] Recientemente, y dentro de una línea de argumentación algo más sobria (al menos no involucra a atlantes y alienígenas) Ruggero Marino emplea el mapa de Piri Reis como evidencia de que Colón descubrió América en 1485, y no en 1492, en un ignoto viaje financiado por Inocencio VIII.

¿Misterio o fraude?

El mapa de Piri Reis no es un fraude, ni una falsificación. Se conoce su historia, y la vida de su autor está documentada. Además, se ha conservado de la mano de éste otro mapamundi y también el Kitab-i-Bahriye. Es indudable que si los supuestos rasgos anómalos del mapa fueran reales, tendríamos que aceptar que nos encontramos en presencia de un auténtico misterio. Pero antes de sacar conclusiones, es conveniente estudiar en detalle la evidencia.

Podemos condensar el “misterio” en dos aspectos: una precisión incompatible con la pericia y los conocimientos técnicos de los cartógrafos del siglo XVI, y la presencia de accidentes geográficos desconocidos para la época.[1]

Prodigios De “Exactitud”

Con frecuencia se exalta la extremada “exactitud” del mapa de Piri Reis, al parecer imposible para los cartógrafos del siglo XVI, que desconocían, entre otras cosas, la longitud.

Extrañamente, cuando se examina el mapa, esa “extraordinaria exactitud” no resulta evidente. En él cohabitan logros notables, como la posición relativa de África y Sudamérica, con crudos errores. Si se compara el mapa de Piri Reis con un mapa portugués contemporáneo, el Cantino, se observa que muchos de los puntos geográficos reconocibles en las costas de Europa y África y en las islas del Atlántico concuerdan en sus posiciones, con escasas diferencias. En realidad, la aseveración sobre la precisión del mapa no deriva de lo que se puede ver en éste, sino del método que emplearon Mallery y Hapgood para estudiarlo.

Mallery y Hapgood toman como base dos suposiciones no demostradas, y a partir de ellas construyeron un castillo de naipes. Éstas son:

  1. El mapa actual deriva de mapas fuente extraordinariamente seguros, procedentes de una remota antigüedad.
  2. Los errores que se observan en el mapa se deben al trabajo de copistas y compiladores tardíos.[8][9]

Es cierto que el mapa de Piri Reis fue construido a partir de otros mapas, pero no existe la menor evidencia de que esos mapas fueran especialmente seguros, o de que los errores los incluyeran “copistas posteriores”. Y se excluye sin motivo la posibilidad de que los mapas fuente fueran modernos y que los errores estuvieran ya en el original.[1]

Sobre la costa de la hipotética “Antártida” se observa un puñado de islas, a las que Hapgood transforma en montañas. Ni el Orinoco ni el Plata aparecen en su mapa, pero para compensar, el Amazonas figura dos veces (por “un error de los compiladores”, que solaparon dos mapas). En el Caribe figura una gran isla rectangular, orientada en sentido norte-sur. No existe ninguna isla de esas características en el Caribe, pero para los cartógrafos medievales tardíos ésa era la forma convencional de representar a Cipango.

La “prodigiosa exactitud” del mapa no pasa de ser un artefacto de este extraño tipo de análisis, en el que priva ante todo la visión deseada, y al que podemos compendiar en una sola frase: adaptar los hechos a la teoría.

La Antártida

La Antártida fue descubierta en 1820. Sin embargo, la noción de la existencia de una masa terrestre desconocida en el hemisferio sur (la Terra Australis Incognita) data de la antigüedad clásica, y se basaba en la necesidad de equilibrar los continentes conocidos del hemisferio norte.

Ptolomeo, en el siglo II, describió el Índico como un “mar cerrado”, el “Sinus Magnus”. No se conserva ningún mapa original de Ptolomeo, pero en las versiones de su obra realizadas por Agatodaemon en el siglo XIII, y en las del siglo XV se muestra a África unida a una gran tierra austral, de un modo sospechosamente parecido al que luego utilizaría Piri Reis, pero sustituyendo a África por Sudamérica.

Si efectivamente el mapa de Piri Reis mostrara tierras antárticas esto no sería novedoso. Sin embargo, se afirma que las representa tal como debería verse sin la costra de hielo que la cubre actualmente. Concretamente, en el mapa estaría dibujada “la Costa de la Princesa Marta de la Tierra de la Reina Maud en la Antártida”. ¿Hasta que punto es esto cierto? Antes que nada observemos que la hipotética “Antártida” es muy extraña. Está unida a Sudamérica y forma parte de ella; se encuentra demasiado al norte y los 900 kilómetros del paso de Drake están ausentes, al igual que la península Antártica y el mar de Weddel. Quizás debido a que en este sector las reminiscencias con la Antártida son inexistentes.

Existen dos fallos mayores, fatales para todo el razonamiento de Hapgood. Éste se basó en un supuesto gratuito: que la configuración geográfica de una Antártida sin hielo sería similar a la configuración subglacial de la misma. Y esto es falso. El continente antártico está cubierto por 30,000,000 de kilómetros cúbicos de hielo, y esta inmensa masa provoca que el continente se “hunda” en la astenósfera. Si la Antártida se viera libre de hielo, el rebote isostático la levantaría en un promedio estimado en unos 600 metros sobre su nivel actual, desde un mínimo de 50 en las costas hasta un máximo de 700 a 900 en el interior, lo que alteraría por completo su topografía.[10] El segundo error está en la suposición de una Antártida sin hielo hace sólo doce mil años. La evidencia geológica, incluyendo los recientes estudios en Prydz Bay, demuestra que la transición del clima templado al glaciar en la Anártida se remonta al mioceno, hace 13 ó 14 millones de años.[11]

Un dato más: la línea costera dibujada por Piri presenta un vago parecido con la de la Antártida, pero se asemeja notablemente a la costa sudamericana al sur del Río de la Plata, desde Bahía Blanca al cabo Tres Puntas. La correspondencia no es perfecta, pero se encuentra dentro de lo que cabría esperar de un mapa realizado en los albores del siglo XVI. Y de paso, se recuperan los 20° de latitud perdidos.

Sobre la desviación al este de la costa sólo cabe hacer conjeturas: al trazar su mapa Piri quizá se dejó llevar por ideas preconcebidas tomadas de Ptolomeo y de sus fuentes portuguesas, o pudo existir una razón de índole práctica. A la escala en que está dibujada esta parte del mapa, la costa sudamericana simplemente no hubiera podido dibujarse en toda su extensión de haberse mantenido en la dirección correcta.

Los “Andes”

Otro rasgo “inexplicable” del mapa de Piri Reis es la estilizada representación de una cadena montañosa en Sudamérica, cuya disposición recuerda la de la cordillera andina. Para 1513 ningún cartógrafo europeo podía estar al tanto de ese accidente geográfico, pues las exploraciones españolas no habían penetrado en el interior del continente.

El mapa con la cordillera andina es problemática. No están dibujadas en la ubicación adecuada, sino varios miles de kilómetros al este, cerca de la costa oriental de Sudamérica. Tampoco se extienden a lo largo del continente, como los Andes reales. Por otro lado, ¿qué relación guarda esa cadena montañosa con la costa oeste de América de Sur, que es donde debería estar situada? Ninguna, ya que Piri no dibujó en su mapa esa costa. En el mapa se emplearon ciertas convenciones para representar los accidentes geográficos, y una de ellas es que los litorales están perfilados con un trazo negro. No hay ninguna línea de ese tipo al oeste de los supuestos “Andes” y, de paso, tampoco está representado el océano Pacífico. Una línea rojiza sobre la que se disponen las montañas ha sido identificada como la costa occidental de Sudamérica, pero ni el tipo de trazo ni el color corresponden, y además dicha línea carece de continuidad por encima y por debajo de las montañas; si se observa bien se advierte que no es otra cosa que la base de éstas. Aún más, Piri coloreó mar y tierra con colores diferentes; el color empleado para representar la tierra se extiende al oeste de las montañas hasta el borde del mapa. Asimismo, en la ladera oeste de la cadena montañosa nace un gran río que luego se dirige al sudeste, algo que nada tiene que ver con la realidad.

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Tenemos mas evidencias dentro del mismo mapa: una inscripción junto a la cadena montañosa nos dice lo siguiente: “En las montañas de estos territorios había criaturas como ésta [se refiere a un ser con la cara en el pecho], y los hombres llegaron desde la costa”. El único litoral cercano es el de Brasil y resulta duro de creer que esos hombres caminaran desde allí hasta los Andes.

También se le da relevancia a la supuesta representación de una “llama”. Resulta arriesgado intentar definir la especie de las estilizadas figuras de animales que aparecen en el mapa, y más en este caso, pues la hipotética “llama” tiene una notoria cornamenta. Al parecer, el autor inicial de este error fue Kahle y, desde entonces, ha venido repitiéndose, sin que nadie reparara en que las llamas carecen de cuernos.

La elemental idea de que grandes ríos requieren para sus fuentes grandes montañas podría ser la única explicación necesaria para que esa cadena montañosa figure en el mapa. O quizás se exageraron las dimensiones de las cadenas próximas a la costa brasileña. Por lo demás, la representación de montañas en el interior de Sudamérica no es privativa del mapa de Piri Reis. El mapa de Cantino, de 1502, ya muestra en las proximidades de la costa de Brasil una línea de estilizadas montañas, cubiertas de árboles. También están presentes en el mapa de Nicolo Canerio, datado de entre 1502 y 1504, en el mapamundi de Waldseemüller de 1507 y en el de Bernard Sylvanus de 1511. Todos estos mapas son anteriores al de Piri Reis.

Las Notas De Piri Reis

Un aspecto insólito de la mitología sobre el mapa de Piri Reis es que las explicaciones racionales del “misterio” se encuentran dentro del mismo mapa, escritas por la mano del almirante (o por la de uno de sus calígrafos). Estas son las anotaciones con las que Piri complementó su obra y en las que deja testimonio, entre otras cosas, de sus fuentes y de su método de trabajo.

Las notas son heterogéneas, pero en ellas resalta en especial el interés con el que Piri siguió los informes de las, para entonces, recientes exploraciones españolas y portuguesas. El texto más extenso nos presenta una sorprendente versión del descubrimiento de América, que Kemal Reis había oído de boca de un esclavo español “que por tres veces había ido con Colón a esas tierras”.

Existen descripciones, a veces ajustadas y otras fantásticas, de los habitantes, fauna y riquezas de las tierras recién descubiertas. La anotación más polémica, y aparentemente la única que leen los traficantes de misterios, es aquélla en la que Piri expone sus fuentes:

Esta sección muestra de qué manera se dibujó este mapa. [...] [Lo he compilado] de alrededor de veinte mapas y Mappae Mundi, –estos son mapas dibujados en los días de Alejandro, Señor de los Dos Cuernos, que muestran el cuarto habitado del mundo; los árabes denominan a estos mapas Jaferiye– de ocho Jaferiyes de esa clase y de un mapa árabe de Hind y de los mapas dibujados hace poco por cuatro portugueses que muestran los países de Hind, Sind y China geométricamente dibujados, y también de un mapa dibujado por Colón en la región occidental. Reduciendo todos estos mapas a una misma escala se ha llegado a su forma final”.

Inserción del mapa de Piris Reis (Amarillo), en una proyección acimutal de Lambert, con centro en el norte del Mar Rojo. Modificado del original de Gustavo Girardelli

Esos ocho Jaferiyes provenientes de los tiempos de Alejandro suenan prometedores para mentes acostumbradas a divagar sobre atlantes y antiguos astronautas. Sin embargo, siempre se olvida lo que sigue: la mención de los mapas portugueses y del mapa de Colón. Al parecer, los árabes primero y luego los turcos tendían a confundir a Ptolomeo Lagos (luego Ptolomeo I Soter), el general de Alejandro, con el muy posterior Claudio Ptolomeo, el geógrafo y astrónomo. De ser así, esos supuestos “mapas procedentes de la más remota antigüedad” no serían otra cosa que mapas de Ptolomeo, incluidos en las versiones de su Geografía que se imprimieron en el siglo XV y principios del XVI. Otro detalle al que se le presta escasa atención es a la extraña forma en la que Piri se refiere a esos Jaferiyes: a pesar de identificarlos como “mapamundis”, también nos dice que mostraban “el cuarto habitado del mundo”, lo que resulta inadecuado para un mapamundi. A menos que deba entenderse que lo que mostraban esos mapamundis, era el cuarto conocido del mundo antes de la era de los descubrimientos, lo que es una característica que conviene a los mapas ptolemaicos del siglo XV (pero nada al producto de una civilización tecnológica de hace 12,000 años)

Piri sólo vuelve a mencionar esos Mappae Mundi en otro lugar. En la parte superior del mapa se aprecia un bello dibujo de un gran pez sobre el que se sientan dos personajes. Y una leyenda nos informa de lo siguiente:

Sanvolrandan (San Brandán) sobre el pez-ballena según el Mapa de Piri Reis.

[...] en tiempos antiguos un sacerdote conocido por el nombre de Sanvolrandan viajó por los Siete Mares [...]. El arriba mencionado desembarcó en este pez. [...] Este acontecimiento no es mencionado por los infieles portugueses. Se ha tomado de un antiguo Mappa Mundi”.

Sanvolrandan no es otro que San Brandán, el monje irlandés del siglo VI d.C. que buscó Isla de San Borondón. Que Piri citara su leyenda demuestra que la antigüedad de, al menos, uno de los mapamundis no puede remontarse más allá del Medioevo, y que su origen fue occidental y no griego.

Conclusiones

Con fines didácticos, podemos clasificar los rasgos supuestamente anómalos o “inexplicables” del mapa de Piri Reis en dos categorías:

  1. Aquéllos que no son otra cosa que el producto de concepciones geográficas comunes de la época en que fue dibujado, y que, por lo tanto, tienen poco de inusuales.
  2. Aquéllos que son elaboraciones de la imaginación desbocada, de las ideas preconcebidas y del pensamiento deseoso de sus intérpretes modernos.[1]

A esto se reduce todo el misterio. En el mapa simplemente no hay nada que sugiera la necesidad de una laboriosa transmisión durante milenios de una sabiduría perdida. Muy a pesar de todo esto, el mapa de Piri Reis tiene ya ganado un lugar preeminente entre los mitos paracientíficos, al lado de la Pirámide de Keops y las líneas de Nazca. Lo que es en verdad lamentable, pues hace que se olvide su inmenso valor como documento histórico.

Referencias y ligas externas

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  1. 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 Garrido B., Javier (2001). El misterioso mapa de Piri Reis. Revista El Escéptico.
  2. Afet Inan (1954). The oldest map of America drawn By Piri Reis. Ankara, 1954.
  3. Hoye, Paul y Lunde, Paul (1980). Piri Reis and the Hapgood Hipotesis. Aramco World Magazine. Jan-Feb
  4. Glover, Dan (1999). Maps of the Ancient Sea King. Evidence of Advance Civilization in the Ice Age, by Charles Hapgood.
  5. Bergier & Pauwels (1995). El Retorno de Los Brujos. Plaza & Janes Editores. Página 104. ISBN-10: 8401451221
  6. Von Däniken, Erich (1968). Erinnerungen an die Zukunft. Bertelsmann, München. ISBN-10: 3570013901
  7. Hancock, Graham (1996). Fingerprints of the Gods. Three Rivers Press. ISBN-10: 0517887290
  8. McIntosh, Gregory C. (2000). Columbus and the Piri Reis Map of 1513. Mercator’s World. May-June
  9. Mewhinney, Sean (1999). Charting Imaginary Worlds: Pole Shifts, Ice Sheets, and Ancient Sea Kings. Aeon V: 3.
  10. Heinrich, Paul V. (1997) Fingerprints of the Gods: Piri Reis Map.
  11. Heinrich, Paul V. The Mysterious Origins of Man: Atlantis, Mammoths, and Crustal Shift www.talkorigins.org.
P Creencias erróneas
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