Harold Watkins

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Harold Cole Watkins, fue un químico y farmacéutico responsable por la creación del elixir de sulfanilamida que mató a más de cien personas durante septiembre y octubre de 1937 en Estados Unidos.[1]

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La vida antes del descubrimiento de los antibióticos como la penicilina era dura, ya que incluso infecciones menores podrían extenderse y llegar a ser mortales. Cuando las sulfamidas se desarrollaron y hallaron útiles para combatir la reproducción de las bacterias, fueron aclamadas como una especie de milagro. Disponibles en tabletas y en forma de polvo, no queda duda que salvaron vidas que de otro modo se habrían perdido. En 1937, los representantes médico de la Compañía Massengill sugirieron la creación de una formulación líquida de la sulfanilamida ya que los clientes en sus territorios habían pedido algo que tuviera buen sabor para que fueran más fáciles de administrar a los pacientes pequeños, que eran reacios a tragar las pastillas. La tarea recayó sobre Harold Watkins. Watkins tenía que encontrar una manera de disolver el fármaco en un jarabe de sabor frambuesa. Ensayos y errores finalmente revelaron que la sulfanilamida se disuelve muy bien en dietilenglicol, y creó un líquido que se veía, olía, y lo más importante, que sabía muy bien.

Por desgracia, todavía quedaba un flagrante error de seguridad. A nadie en Massengill se le ocurrió probar el nuevo elixir de sulfanilamida para ver si en realidad era segura para ser ingerida. La sustancia que Watkins había elegido como disolvente, el dietilenglicol, es ahora mejor conocido como el ingrediente principal de los anticongelantes para los coches y, por lo tanto, es un veneno. Aunque en ese tiempo de la historia ya se habían publicado informes que indicaban los efectos tóxicos del dietilenglicol en el cuerpo humano, por ejemplo, que causa insuficiencia renal, nadie en Massengill se molestó en hacer una búsqueda en los archivos.

No menos de 240 galones del mortal elixir de sulfanilamida se distribuyeron en todo Estados Unidos en 633 envíos separados a principios de septiembre de 1937. Las personas estaban encantadas con el dulce sabor frambuesa. Entonces los pacientes empezaron a morir.

El 11 de octubre, los médicos en Tulsa, Oklahoma, informaron a la Asociación Médica de Estados Unidos que nueve pacientes (ocho de los cuales eran niños), a los que se les había prescrito el elixir habían fallecido. Massengill fue contactado y se descubrió que el dietilenglicol era el culpable. No fue hasta el 14 de octubre que un médico reportó la situación a la FDA (la Administración de Alimentos y Drogas) que desafortunadamente, bajo la ley, no tenía poder para prohibir la venta de sustancias tóxicas.

Funcionarios de Massengill informaron a la FDA que la situación estaba bajo control, ya que habían enviado más de mil telegramas pidiendo a vendedores, médicos y farmacéuticos que por favor devolvieran el elixir. Sin embargo, no se molestaron en mencionar que la medicina era muy tóxica y mortal. La FDA ejerció presión y Massengill finalmente envió telegramas con un mensaje más urgente: "imperativo recuperar inmediatamente todos los elíxires de sulfanilamida dispensados. El producto puede ser peligroso para la vida. Regresar todas las existencias, el costo va por nuestra cuenta."

Dado que el elixir ya se había extendido en muchas localidades rurales, esta tarea era más fácil decirla que hacerlo. Los vendedores ambulantes eran difíciles de rastrear, las farmacias no llevan registros detallados de las recetas, y los médicos en realidad habían mentido por temor a la persecución de la ley. Un médico afirmó que había prescrito el fármaco a cinco personas, pero que todos ellos estaban bien. Sin embargo, tras realizar investigaciones adicionales, el inspector de la FDA descubrió que, en realidad, las cinco personas habían muerto.

Un médico angustiado, el doctor A.S. Calhoun, que había estado practicando la medicina durante más de 25 años, se lamentó de que seis de sus pacientes habían muerto, uno de los cuales era su mejor amigo. En una carta conmovedora, escribió el 22 de octubre de 1937 que la constatación de que el medicamento en que confiaba y que había prescrito había matado a estas personas inocentes, me han dado días y noches de tal agonía mental y espiritual, que no creo que un ser humano podría sufrir y sobrevivir. He conocido momentos cuando la muerte para mí sería un alivio de esta agonía".

Se sabe que al menos 358 personas fueron envenenadas por el delicioso brebaje frambuesa, y que 107 de ellos murieron. Además, una muerte más puede también atribuírsele a este trágico caso: el químico Harold Watkins se suicidó cuando se enteró de su terrible error.

Lástima que el propietario de la empresa, el Dr. Samuel Massengill, no sintiera un remordimiento similar. En una declaración digna de cualquier funcionario corporativo de hoy en día, y tratando de cubrir el culo de su compañía, Massengill declaró: "Mis químicos y yo lamentamos profundamente los resultados fatales, sin embargo no hubo error en la fabricación del producto. Hemos sido el suministro de una demanda profesional legítima y en ningún momento podríamos haber previsto estos resultados inesperados. No siento que que haya ninguna responsabilidad por nuestra parte".

Increíble, pero la historia podría haber sido mucho peor. En virtud de que la FDA no tenía derecho legal para retirar el producto sólo porque resultó ser venenoso, se puede decir que logró salvar al público de más muertes al recordar que el elixir de sulfanilamida estaba mal etiquetado. El término "elixir" se define como una solución de alcohol y este producto utilizó dietilenglicol, por lo que la FDA fue capaz de actuar sobre este tecnicismo. El alcohol en los elíxires debe ser etanol.

El escándalo por el caso finalmente llevó a la más estricta Ley Federal de Alimentos, Medicamentos y Cosméticos de 1938, que finalmente dio a la FDA el poder para proteger al público de dichos productos letales. Por supuesto, se puede argumentar hoy que muchos aditivos alimentarios y farmacéuticos siguen siendo tóxicos, y la política y el dinero se citan a menudo como el medio por el cual las empresas retienen ganancias a expensas de la salud pública.

Hay que mencionar que Massengill es hoy más conocido por sus duchas vaginales desechables.[2]

Referencias y ligas externas

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  1. Ballentine, Carol. Sulfanilamide Disaster. FDA Consumer magazine. Junio de 1981
  2. Zimmermann, Linda. A Brief History of Bizarre Misconceptions, Totally Wrong Conclusions and Incredibly Stupid Theories. 2011 ISBN-13 978-0979900242