Francisca Meneses

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Víctimas de la pseudociencia
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Francisca Meneses

Francisca Meneses (en la foto) fue una joven de 28 años que se habría sometido a un “tratamiento” ritual de medicina alternativa de moda en Brasil que usa kambó, sustancia tóxica que consta del sudor de la rana amazónica arbórea Phyllomedusa bicolor que vive en la parte noroccidental de la selva Amazonica (Peru, Colombia y Brasil). La chica vivía en Llay-Llay, una comuna y ciudad perteneciente a la provincia de San Felipe de Aconcagua, en Chile.

Según fuentes oficiales, la madre de Meneses se inyectó una sustancia que no sabía qué era, como parte del proceso de un ritual de sanación. El ritual de aplicación de la sustancia tóxica se lo había realizado el domingo en la comuna de Llay Llay. Cuando se presentaron los síntomas de intoxicación, la chica fue trasladada al hospital en situación de gravedad. El 15 de abril de 2019, Francisca falleció debido a los efectos tóxicos de la sustancia.

Posteriormente se armó una fuerza de investigación del caso, principalmente para saber de dónde provino el kambó, cuya rana productora habita principalmente en países amazónicos y cuyo ingreso al territorio chileno es ilegal.

En Chile no sería la primera muerte que se produce a consecuencia de la aplicación de esta toxina. Los medios chilenos reportaron en 2009 la “misteriosa” muerte de Daniel Lara Aguilar, un conductor de 55 años que sufría una discopatía crónica y que había asistido a “un ritual de sanación masivo”. Falleció minutos después de que le aplicaran el veneno. La autopsia calificó la causa de muerte como "indeterminada".[1]

Kambó

La secreción de la piel seca de la rana Phyllomedusa bicolor es utilizada por los indios Matses del norte de Perú, en ritos chamánicos diseñados principalmente para mejorar la suerte en la caza y deshacerse de las cosas apreciadas como "negativas". Tambien se le conoce como "campu", "sapo" y "vacino da floresta" (vacuna del bosque, en portugués), vacina do sapo, Medicina da floresta.

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Cuando se frota en áreas quemadas y expuestas de la piel, la droga provoca la aparición rápida de efectos gastrointestinales y cardiovasculares periféricos violentos, seguidos de efectos centrales notables (aumento de la fuerza física, aumento de los sentidos, resistencia al hambre y la sed, exaltada capacidad para enfrentar situaciones de estrés). Todos los efectos periféricos y la mayoría de los efectos centrales del 'kambó' pueden atribuirse al contenido excepcionalmente alto de péptidos potentemente activos (hasta el 7% de su peso), que se absorben fácilmente a través de las áreas inflamadas y quemadas de la piel. La concentración de los péptidos únicos (filoceruleina, filomedusina, filoquinina, demorfinas y deltorfinas), determinados mediante bioensayo, y los contenidos de péptidos se correlacionaron con los diferentes síntomas de intoxicación por 'kambó'.[2]

Existen páginas web pseudocientíficas que otorgan a la sustancia beneficios no comprobados y sin ningún fundamento, e incluso inexistentes. La llaman una "una solución mágica a innumerables problemas de salud", "uno de los medios naturales más fuertes además para potenciar nuestro sistema inmunológico", etc. No sólo eso, hasta explican el proceso del ritual.[3] Al menos en una proporcionan una renuncia de responsabilidad: El kambó es una sustancia potencialmente dañina, y no se alienta ni aprueba el uso de esta sustancia.

El problema es que aún se investigan las propiedades del kambó por lo que no existe una "dosis óptima" recomendada para el uso en humanos como terapia, recreación o rutual, sea aplicada directamente o inyectada. Existe la Asociación Internacional de Practicantes de Kambó que insiste en que las muertes son raras y casi siempre son atribuibles a alguna condición preexistente.[4]

Referencias y ligas externas

(Nota de la administración) Algunas ligas podrían estar rotas o algunos videos pueden haber sido eliminados.

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