Falacia por equívoco

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Falacias

Evidentemente, la corrección de un argumento depende, entre otras cosas, de que en todas las premisas se conserve el mismo significado, ya que si éste fluctúa de una a otra podemos llegar a cualquier conclusión para la cual las razones aducidas en las premisas no son suficientes. Los siguientes ejemplos son de falacia por equívoco:

Sólo el hombre es racional.
Ninguna mujer es un hombre.
Así pues, ninguna mujer es racional.

La ciencia pretende descubrir leyes.
La existencia de leyes implica que hay alguien que las hace.
Así pues, la ciencia acepta que existe Dios.

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En el primer ejemplo, el argumento sería correcto si no se alterara el significado de «hombre». Para que la primera premisa sea verdadera, este término debe significar «ser humano» y no «varón», pues no sólo los individuos varones pertenecen a la especie Homo sapiens. Para que la segunda premisa sea verdadera, «hombre» debe significar «varón», ya que diríamos algo falso si sostenemos que una mujer no es un miembro de la mencionada especie.

En el segundo ejemplo se juega con dos sentidos de la palabra «ley», a saber: «relación o conexión en la naturaleza» y «norma de conducta establecida por alguna autoridad». El argumento sería correcto si, de nuevo, se mantiene sin cambiar el significado de las palabras, pero con él se llega a un absurdo si el sentido que tiene «ley» en la primera premisa se le atribuye a la segunda.

Por supuesto, la corrección de ambas argumentaciones en el supuesto de que no hubiera ambigüedad no dice nada, por sí sola, sobre la verdad de las conclusiones, como ya se sabe.

Una fuente notable de equívocos la proporciona el verbo ser. Con él podemos, en primer lugar, decir algo de las cosas cualificándolas, esto es, atribuirles propiedades. Entonces se usa predicativamente; por ejemplo en «La nieve es blanca». También podemos servirnos de él para afirmar la identidad de cosas que nos pueden parecer distintas; por ejemplo, «Eso que cae es nieve». Estos dos usos del verbo ser, el predicativo y el de identidad, son fáciles de confundir, y por ello se aprovecha esta circunstancia en los razonamientos, que se convierten, como en el siguiente ejemplo, en falaces por el cambio de significado del verbo.

La información es poder.
El poder es algo que corrompe.
La información es algo que corrompe.

El verbo ser se utiliza también para un predicado de colectividades, por así decir. Es un uso predicativo diferente del anterior. Compárese «Los chinos son numerosos» con «Los chinos son sabios». La propiedad de ser numerosos tiene sentido atribuírsela a a colectividad de los chinos, o, como se dice en matemáticas, al conjunto de los chinos, y no a cada chino en particular. Sin embargo, sí tiene sentido atribuir a cada chino en particular la propiedad de ser sabio. El no darse cuenta de esta ambigüedad que se presenta con el verbo «ser», aun cuando se usa predicativamente, lleva a falacias como la siguiente:

Los chinos son numerosos.
Confucio es chino.
Confucio es numeroso.

Esta falacia cae dentro de la categoría de las Falacias por ambigüedad.


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Falacias lógicas   Ad hocAd hominemAd ignorantiamAd populumAd verecundiamAfirmación gratuitaAfirmar la consecuenciaAnfibologíaArgumento de autoridadArgumento de la moralidadArgumentum Ad baculumArgumentum ex culoConclusión desmesuradaEfecto dominóPost hoc ergo propter hocAmbigüedadFalsa causaFalta de pruebasFalacia de la casuísticaCuestión complejaFalsa analogíaFalacia del ContinuumSecundum quidFalacia del accidenteAlegato especialHombre de pajaPensamiento ilusorioEx silentioFalacia genéticaFalacia por equívocoDatos insuficientesFalso dilemaGeneralización precipitadaFalsa balanzaNegación del antecedenteNingún escocés verdaderoNon sequiturPetición de principioPista falsaSofisma patéticoTu quoque
Véase también   Apelación a la intuiciónComposición y divisiónContextomíaCulpabilidad por asociaciónElusión de la carga de la pruebaEsquema ToulminFalaciaFalacia de la Primera CausaFalacia de la propia incredulidadFalacia del propósito del UniversoHipótesis irrefutableReductio ad absurdum