Fórmula SEARCH

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Nuestra fórmula para la indagación o investigación consta de cuatro pasos, que se representa con el acrónimo SEARCH (BÚSQUEDA, en inglés).

Las letras representan las palabras clave en los cuatro pasos:

  1. Sopesar la aseveración.
  2. Examinar la Evidencia de la aseveración.
  3. Considerar hipótesis Alternativas.
  4. Reputar, según los Criterios de adecuación, cada Hipótesis.

El acrónimo es arbitrario y artificial, pero puede ayudar a recordar los componentes vitales de la fórmula. Síganse estos pasos cada vez que se enfrente a una aseveración extraordinaria.

Debe tenerse en cuenta que se usan las palabras hipótesis y afirmación de manera indistinta. Se hace de este modo porque cualquier afirmación extraña, como cualquier afirmación sobre eventos y entidades, puede considerarse una hipótesis, como una explicación de un fenómeno en particular. Pensar en afirmaciones extrañas como una hipótesis es importante porque la evaluación eficaz de afirmaciones extrañas implica esencialmente el mismo procedimiento de evaluación de una hipótesis tal y como se utiliza en el ámbito científico.

Sopesar la aseveración

Antes de poder examinar detenidamente una aseveración, debe comprenderse bien de qué se trata. Es vital expresar la afirmación en términos lo más claros y específicos posible. "Los fantasmas son reales" no es un buen candidato para el examen porque es vago e inespecífico. Una mejor afirmación es "los espíritus incorpóreos de los muertos existen y son visibles para el ojo humano". Del mismo modo, "La astrología es verdadera" no es mucho para continuar. Es mejor decir: "los astrólogos pueden identificar correctamente los rasgos de personalidad de alguien mediante el uso de signos solares". Incluso estas afirmaciones revisadas no son tan inequívocas y definitivas como deberían ser. (Los términos en las afirmaciones, por ejemplo, podrían definirse mejor. ¿Qué se entiende por "espíritu"? ¿Qué significa "identificar correctamente los rasgos de personalidad de alguien"?) Pero muchas de las afirmaciones extraordinarias con las que uno se encuentra son de este calibre. El punto es que antes de examinar cualquier aseveración, debe lograrse la máxima claridad y especificidad de cuál es el reclamo.

Examinar la Evidencia de la aseveración

Pregúntese qué razones existen para aceptar una aseveración. Es decir, ¿qué evidencia empírica o argumentos lógicos hay a favor de la afirmación? Responder a esta pregunta implica hacer un inventario tanto de la cantidad como de la calidad de las razones para creer que la afirmación es cierta.

Una evaluación honesta y completa de las razones debe incluir:

  • La determinación de la naturaleza exacta y las limitaciones de la evidencia empírica. Se debe evaluar no solo cuál es la evidencia, sino también si existen dudas razonables al respecto. Debe intentar averiguar si está sujeta a alguna deficiencia: las distorsiones de la percepción, la memoria y el juicio humanos, los errores y sesgos de la investigación científica, las dificultades inherentes a los datos ambiguos. A veces, incluso un estudio preliminar de los hechos puede obligarlo a admitir que realmente no hay nada misterioso que deba explicarse. O quizá investigar un pequeño misterio conducirá a un misterio mayor. En cualquier caso, intentar una evaluación objetiva de la evidencia requiere valor. Muchos verdaderos creyentes nunca han dado este paso elemental.
  • Descubrir si alguno de estos motivos merece ser descalificado. Las personas con frecuencia ofrecen consideraciones en apoyo de una afirmación que debería descartarse. Estas consideraciones incluyen pensamiento ilusorio , fe, intuición infundada y certeza subjetiva. El problema es que estos factores no son razones en absoluto. Por sí mismos, no pueden proporcionar ningún apoyo para una aseveración.
  • Decidir si la hipótesis en cuestión realmente explica la evidencia. Si no es así, si no se tienen en cuenta factores importantes, la hipótesis no es buena. En otras palabras, una buena hipótesis debe ser relevante para la evidencia que pretende explicar. Si no es así, no hay razón para considerarlo más.

Considerar hipótesis alternativas

Nunca es suficiente considerar solo la hipótesis en cuestión y sus razones para su aceptación. Si alguna vez tiene la esperanza de descubrir la verdad, también debe sopesar las hipótesis alternativas y sus razones.

Considere la hipótesis, por ejemplo: Rodolfo, el reno de la nariz roja, el divertido faro volador y peludo de Santa, es real y vive en el Polo Norte. Como evidencia de esta hipótesis podríamos presentar estos hechos:

  1. Millones de personas (en su mayoría niños) creen que Rodolfo es real,
  2. Sus semejantes aparecen en todas partes durante las vacaciones de Navidad,
  3. Dada la multitud de renos en el mundo (en Discovery Channel y Animal Planet pueden haberse visto muchos tipos de renos)
  4. por su larga historia, es probable que en algún momento un reno con capacidad de volar evolucione o nazca con las mutaciones necesarias;
  5. Algunas personas dicen que han visto a Rodolfo con sus propios ojos.

Podríamos seguir y seguir y construir un caso bastante convincente para la hipótesis; pronto incluso puede alguien llegar a creer que se ha topado con algo.

La hipótesis suena genial por sí misma, pero cuando se considera junto con una hipótesis alternativa, que Rodolfo es una criatura de la imaginación creada en una canción de Navidad, ahora la hipótesis parece ridícula. La hipótesis de la canción está respaldada por pruebas abrumadoras: no entra en conflicto con la teoría bien establecida en biología (como lo hace la hipótesis del Rodolfo real) y, a diferencia de su competidora, no requiere postulaciones sobre nuevas entidades.

Este tercer paso implica creatividad y mantener una mente abierta. Requiere preguntarse si hay otras formas de explicar el fenómeno en cuestión y, si las hay, qué razones hay a favor de estas hipótesis alternativas. Este paso implica aplicar el paso 1 a todas las explicaciones en competencia.

También es importante recordar que, cuando las personas se enfrentan a algún fenómeno extraordinario, a menudo ofrecen inmediatamente una hipótesis que involucra lo paranormal o sobrenatural y luego no pueden imaginar una hipótesis natural para explicar los hechos. Como resultado, asumen que la hipótesis paranormal o sobrenatural debe ser correcta. Pero esta suposición es injustificada. El hecho de que no pueda pensar en una explicación natural no significa que no la haya. Puede ser (como ha sucedido a menudo a lo largo de la historia) que simplemente desconozca la explicación natural correcta. La respuesta más razonable a un hecho desconcertante es seguir buscando una explicación natural.

Los humanos tenemos un sesgo incorporado que nos impulsa a aferrarnos a una hipótesis favorita e ignorar o resistir todas las alternativas. Podemos creer que no necesitamos mirar otras explicaciones ya que sabemos que nuestra favorita es la correcta. Esta tendencia puede hacernos felices (al menos por un tiempo), pero también es una buena receta para el engaño. Debemos trabajar para contrarrestar este sesgo. Tener una mente abierta significa estar dispuesto a considerar cualquier posibilidad y cambiar de opinión a la luz de buenas razones.

Reputar, según los criterios de adecuación, cada hipótesis

Ahora es el momento de dar reputación, o sopesar, las hipótesis en competencia y ver cuáles son deficientes y cuáles son dignas de creer. No basta con catalogar la evidencia de cada hipótesis. Necesitamos considerar otros factores que pueden poner esa evidencia en perspectiva y ayudarnos a sopesar hipótesis cuando no hay evidencia en absoluto, lo que suele ser el caso con cosas raras. Para obtener nuestro asentimiento, las afirmaciones extraordinarias deben proporcionar explicaciones ejemplares. Es decir, deben explicar los fenómenos mejor que cualquier otra explicación competitiva. La forma de determinar qué explicación es la mejor es aplicar los criterios de adecuación. Al aplicarlos a cada hipótesis, a menudo podemos eliminar algunas hipótesis de inmediato, dar más peso a algunas que a otras y decidir entre hipótesis que al principio pueden parecer igualmente sólidas.

  1. Testabilidad. Pregunte: ¿Se puede poner a prueba la hipótesis? ¿Existe alguna forma posible de determinar si la hipótesis es verdadera o falsa? Muchas hipótesis sobre fenómenos extraordinarios no son comprobables. Esto no significa que sean falsas. Significa que no valen nada. Son meras afirmaciones que nunca podremos saber. ¿Qué pasa si decimos que hay un duende invisible e indetectable en su cabeza que a veces le causa dolores de cabeza? Como explicación a sus dolores de cabeza, esta hipótesis es interesante pero trivial. Dado que, por definición, no hay forma de determinar si este duende realmente existe, la hipótesis es sorprendentemente poco informativa. No puede asignar ningún peso a tal afirmación.
  2. Utilidad. Pregúntese: ¿La hipótesis produce predicciones sorprendentes y observables que explican nuevos fenómenos? Cualquier hipótesis que lo haga obtiene puntos extra. En igualdad de condiciones, es más probable que las hipótesis que hacen predicciones precisas e inesperadas sean ciertas que las que no lo hacen. (Por supuesto, si no producen predicciones, esto en sí mismo no demuestran todavía que sean falsas). La mayoría de las hipótesis sobre cosas raras no hacen predicciones observables.
  3. Alcance. Pregúntese: ¿Cuántos fenómenos diferentes puede explicar la hipótesis? En igualdad de condiciones, cuanto más explica, menos probable es que se equivoque. La percepción humana es constructiva, y esta hipótesis explica una amplia gama de fenómenos, incluida la constancia del tamaño perceptivo, la percepción errónea de los estímulos, las alucinaciones, la pareidolia, ciertos avistamientos de OVNIs y más. Una hipótesis que explique solo uno de estos fenómenos (por ejemplo, la hipótesis de que los avistamientos de ovnis son causados por naves espaciales extraterrestres reales) sería mucho menos impresionante, a menos que tuviera otras cosas a su favor, como pruebas convincentes.
  4. Sencillez. Pregúntese: ¿Es esta hipótesis la explicación más simple del fenómeno? Generalmente, la hipótesis más simple que explica el fenómeno es la mejor, la que tiene menos probabilidades de ser falsa (Navaja de Occam). Los medios más simples hacen la menor cantidad de suposiciones. En el ámbito de las cosas raras, la simplicidad es a menudo una cuestión de postular la existencia de la menor cantidad de entidades. Supongamos que una mañana se sube a su automóvil, pone la llave en el encendido e intenta arrancar el motor, pero descubre que no arranca. Una hipótesis para este fenómeno es que la batería del automóvil está muerta. Otra es que un poltergeist (un espíritu travieso) de alguna manera ha provocado que su automóvil no arranque. La hipótesis de la batería es la más simple (además de ser comprobable, capaz de producir predicciones y capaz de explicar varios fenómenos) porque no requiere postular la existencia de entidades misteriosas. La hipótesis del poltergeist, sin embargo, postula la existencia de una entidad (además de asumir que tal entidad tiene ciertas capacidades y tendencias). Así, el criterio de simplicidad nos muestra que la hipótesis de la batería tiene mayores posibilidades de ser acertada.
  1. La tendencia conservativa. Pregúntese: ¿Es la hipótesis consistente con nuestras creencias bien fundamentadas? Es decir, ¿es coherente con la evidencia empírica, con resultados de observaciones y pruebas científicas confiables, con leyes naturales o con una teoría bien establecida? Tratar de responder a esta pregunta lo lleva más allá de la mera catalogación de la evidencia de las hipótesis para realmente asignar peso a las hipótesis a la luz de toda la evidencia disponible. En igualdad de condiciones, la hipótesis más coherente con todo el corpus de nuestro conocimiento es la mejor apuesta, y la que tiene más probabilidades de ser cierta.

De lo anterior se deduce que a una hipótesis que se opone a pruebas extremadamente bien establecidas se le debe asignar una probabilidad muy baja. Digamos, por ejemplo, que alguien afirma que ayer miles de gatos y perros llovieron del cielo en Texas. Este extraño suceso es lógicamente posible en caso de un tornado o algún otro fenómeno meteorológico, por supuesto, pero entra en conflicto con una enorme cantidad de experiencia humana con respecto a los objetos que caen del cielo. Tal vez un buen día los gatos y los perros caigan de las nubes y nos sorprendan a todos. Pero basándonos en una gran cantidad de experiencia, debemos asignar una probabilidad muy baja a tal posibilidad.

¿Qué pasa si alguien afirma haber construido una máquina de movimiento perpetuo, un dispositivo que, para funcionar, debe eludir con éxito una de las leyes de la termodinámica? (Se supone que una máquina de movimiento perpetuo funciona sin detenerse nunca y sin necesidad de recurrir a una fuente externa de energía; ella misma suministra su propia energía; este concepto viola la ley de conservación de la masa-energía, que dice que la masa-energía no puede ser creada ni destruida). Las leyes de la termodinámica están respaldadas por una enorme cantidad de evidencia empírica recopilada a lo largo de los siglos. También ha habido numerosos intentos fallidos de construir una máquina de movimiento perpetuo. A la luz de tal evidencia, nos vemos obligados a concluir que la probabilidad de que alguien pueda evitar las leyes de la termodinámica se reduce casi a cero. A menos que alguien pueda presentar una buena evidencia que demuestre que se puede hacer, debemos decir que la afirmación de esa persona es muy improbable.

Del mismo modo, si alguien presenta una hipótesis que entra en conflicto con una teoría altamente confirmada, la hipótesis debe considerarse improbable hasta que alguien proporcione una sólida evidencia muestre que la hipótesis es correcta y la teoría incorrecta. Dado esto, las afirmaciones de, por ejemplo, la homeopatía son, por definición, improbables. Entran en conflicto con lo que sabemos de química, física y farmacología, con montañas de evidencia. Solo una buena evidencia de lo contrario puede cambiar el veredicto de pseudociencia y pseudoterapia con la que se ha etiquetado a esta patraña homeopática.

Referencia

La fuente de este artículo proviene principalmente del libro
How to Think About Weird Things: Critical Thinking for a New Age
Autor(es):Theodore Schick & Lewis Vaughn
P
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