El historiador Flavio Josefo escribió acerca de Jesús

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Cristianismo

Mito

Según el mito moderno, Flavio Josefo, el historiador, estadista y diplomático judío, mencionó dos veces en su obra Antigüedades judías a Jesucristo, lo que da veracidad a la existencia del hijo de Dios y certificación al cristianismo.

Refutación

En resumen, no hay relatos de la época de Cristo de ninguna fuente certificada. De hecho, sólo un escritor de la lista de apologistas está cerca de ser uno de sus contemporáneos -aunque nació años después de que Jesús muriera, con un relato escrito unos sesenta años después de los años en que se supone ocurrió la crucifixión-, el historiador judío Yosef bar Mattatyahu , mejor conocido como Flavio Josefo. En el año 93 o 94 E.C., Josefo escribió sus Antigüedades Judías en las que se encuentran dos pasajes en disputa que muchos creen son evidencia histórica de Jesús.

Flavio Josefo (37 ó 38–101 E.C.)

Testimonium Flavianum

El primer texto es el llamado Testimonium Flavianum, un fragmento que interrumpe un capítulo sombrío en la obra de Josefo para traer un breve pero brillante resumen de la carrera milagrosa de Jesús. El pasaje es una falsificación tan evidente que nadie niega que sea una falsificación cristiana posterior; el único debate existente hoy en día es qué tanto de ese pasaje fue falsificado. Los apologistas tratan de argumentar que Josefo realmente mencionó a Jesús, y que escribas demasiado entusiastas simplemente embellecieron el relato. Incluso intentan reconstruir el Testimonium "original".

Pero hay varios indicios de que todo el pasaje es una interpolación (es decir, el agregado de textos, frases, versos, palabras ilegibles o faltantes, introducidas en una obra en donde originalmente no existían, o donde no se tenía certeza de que el autor realmente las hubiera usado o tuviera la intención de usar). Apenas tiene relación con el resto del capítulo; el siguiente párrafo comienza diciendo "Casi al mismo tiempo también otra triste calamidad puso a los judíos en desorden." ¿Otra "triste calamidad"? ¿De qué triste calamidad hablan? Josefo acaba de dar un anuncio sobre Jesús, no una triste calamidad. Esta referencia se salta el Testimonium por completo y apunta a la sección anterior. Ese pasaje en particular, donde Poncio Pilatos establece que sus soldados masacren a una gran multitud de judíos en Jerusalén, sin duda encaja a la perfección con una triste calamidad, pero no las versiones del Testimonium. Muchos historiadores clásicos han señalado que sin el pasaje Testimonium, la continuidad entre los pasajes que lo flanquean fluyen a la perfección entre sí. Este hecho, por sí solo, es un gran indicio de que el pasaje es totalmente fraudulento.

Tal vez el principal regalo es que este pasaje no aparece hasta el siglo cuarto. Durante los primeros 300 años de su existencia, no hay absolutamente ninguna mención del Testimonium. Ni una palabra. Esto no pudo haber sido simplemente porque nadie lo leyó; las historias de Josefo eran inmensamente populares y mencionadas por los eruditos; durante siglos, sus obras fueron ampliamente leídas en Europa casi tanto como cualquier otro libro de la Biblia. Según Michael Hardwick, más de una docena de escritores cristianos, incluyendo Melitón de Sardes, Minucio Félix, Ireneo, Clemente de Alejandría, Tertuliano, Hipólito y Orígenes, se sabe que leyeron y comentaron las obras de Flavio Josefo.

Orígenes, en particular, se basó en gran medida en Flavio Josefo; sus propios escritos están llenos de referencias a él. Pero es obvio que Orígenes nunca había oído hablar del Testimonium. Cuando su oponente escéptico Celso pregunta qué milagros realizó Jesús, Orígenes respondió que la vida de Jesús estaba llena de eventos milagrosos, "pero ¿de qué otra fuente se puede proporcionar una respuesta si no es de las narraciones del Evangelio?"[1] En el mismo libro, Orígenes incluso citó las Antigüedades Judías con el fin de probar la existencia histórica de San Juan Bautista y a continuación, añade que Josefo no creía en Jesús, y critica a Josefo por no hablar de Jesús en ese libro[2]. Y nadie más parece haber oído hablar del Testimonium durante 300 años. Nunca es mencionado hasta el siglo cuarto, cuando el famoso obispo Eusebio de Cesarea comienza a citarlo repetidamente. Y ¿de dónde Eusebio pudo conseguir su copia de Antigüedades Judías? Lo heredó de su maestro... quien a su vez lo heredó de Orígenes. No importa cómo se mire, el Testimonium sobresale como el fraude completo que es.

¿Cómo sería una auténtica referencia a Cristo por parte de Josefo? No habría sido de cortesía en lo más mínimo; Josefo lo habría llamado charlatán y nunca se referiría a él como el Mesías. El vocabulario se correspondería con los escritos auténticos de Josefo, el pasaje encajaría con el tono y el contenido del texto que lo rodea, y sería mucho más largo y más detallado si Jesús realmente hubiera hecho algo digno de mención o hubiera dado nuevas y radicales enseñanzas. Y quizá, lo más importante, los primeros Padres de la Iglesia se habrían apoderado de sus textos cientos de años antes ya que siempre estaban hambrientos de este tipo de evidencia histórica de Josefo.

Referencia a Santiago

La segunda supuesta mención de Jesús en Josefo es la "Referencia a Santiago" en Antigüedades Judías, que parece hacer referencia al hermano de Jesús, Santiago (o Jacobo según la versión de la Biblia)[3]. Josefo describe las excentricidades de Ananías, un sumo sacerdote muy impopular en Jerusalén, que reúne al Sanedrín, y presentó cargos contra un "hermano de Jesús, llamado el Cristo, el cual se llamaba Jacobo)," (Santiago y Jacobo son la misma persona etimológicamente) y a sus compañeros, y los condenó a ser lapidados hasta la muerte[4]. Esto causó un alboroto, y los ciudadanos se quejaron con el rey Agripa, quien tomó el sumo sacerdocio de Ananías e hizo de Jesús, el hijo de Damneo (también conocido como Josué ben Damneo), sumo sacerdote.

¿Es en verdad una referencia genuina? A diferencia del tristemente célebre pasaje Testimonium Flavianum, pocos piensan que sea una falsificación; por un lado, parece demasiado corto para que un falsificador se molestara en deslizarlo en el texto. Pero hay varios indicios de que este pasaje no está hablando de nuestro familiar, Jesús el Cristo. Tal vez la consideración más importante es el hecho de que Josefo informa de un juicio y una sentencia de muerte llevada a cabo sobre Santiago y sus compañeros y esto es totalmente contrario a todas los demás recuentos sobre la muerte de Santiago; que coinciden en que Santiago murió solo, por una multitud furiosa. La multitud se topó con Santiago andando solo, lo confrontaron en la calle, lo agarraron, lo lanzaron del techo del templo y lo apedrearon. Finalmente, uno de la multitud lo golpeó hasta la muerte con un palo de canal.[5]

Y hay otras características cuestionables. Josefo nunca utilizó los términos "Cristo" o "Mesías" - ni siquiera en referencia a su propia selección personal para un Mesías: el emperador Vespasiano. Él prefería el término "charlatán" para todos los falsos mesías que describió. Tampoco era que su audiencia romana estuviera familiarizada con el término.

Todo esto plantea la cuestión de si el judío venerado san Santiago, en el relato de Josefo, se supone que es la misma persona que el Santiago líder cristiano que la Iglesia afirmaba que era hermano de Jesús. Luego está el asunto del otro Jesús que se menciona en el pasaje, el hijo de Damneo. ¿Qué tiene éste que ver con todo lo demás? Pues resulta que es la clave para resolver el misterio.

La respuesta parece ser que en la frase, el fragmento "llamado el Cristo", se insertó en el texto por error. El historiador Richard Carrier cree que esto se ve exactamente como un caso de interpolación accidental del escriba queriendo colocar una nota marginal. La frase "llamado el Cristo" (tou Christou legomenou) es una declaración simple y concisa de que es típica de las notas interlineales que a menudo emplean construcciones de participio como esta. Se ve exactamente igual a lo que un escriba anotaría en el margen para sí mismo con el fin de indicar que él cree que este "Jesús" es el "llamado Cristo". Pero interrumpe la frase, y aunque no es un mal griego per se, es torpe y confuso. Si se retira esa frase, todo lo demás se lee más suavemente.

Además, hay que considerar el contexto. ¿Por qué Flavio Josefo diría de repente, y de la nada, que Ananías convocó a juicio "al hermano de Jesús"? El hecho de que su nombre es Santiago es una idea de último momento -el objeto real de la oración es que este hombre es el hermano de Jesús. ¿Por qué se supone que es importante? ¿Quién es este Jesús? ¿Por qué Ananías perseguía a su hermano? Es de esperar una digresión aquí o (si Josefo escribió el Testimonium) si en verdad es una copia de referencia que él ya había cubierto.

Veamos lo que Josefo está diciendo. Después que Ananías convocó a juicio y lograr que este "hermano de Jesús" sea muerto enfureciendo a todos, el rey Agripa le retira el sumo sacerdocio él y se lo otorga a Jesús, el hijo de Damneo[6]. Si este es el Jesús cuyo hermano fue muerto gracias a Ananías, entonces eso explica por qué el castigo que recibió de Agripa. Es cierto que es más probable que Josefo quería decir Jesús, hijo de Damneo, y no otro Jesús diferente, sacándolo de la nada y sin razón, con la extraña situación de no informar quién era ese "Jesús".

Esta explicación es simple, completamente creíble y bastante convincente. Esto explica por qué la información de Josefo no coincide con los otros relatos de la muerte de Santiago: porque está hablando de dos hombres completamente diferentes. Debido a que es sólo una nota marginal, vemos por qué la interpolación es tan corta y libre de contenido y sustancia. Por último, se aclara el texto, causando que un pasaje confuso ahora tenga un perfecto sentido por primera vez. Si Josefo originalmente hablaba de "Jesús, el hijo de Damneo", el mismo Jesús que menciona sólo unas pocas líneas más adelante, entonces ya no hay ningún misterio sobre por qué Josefo no explicó quién era este Jesús o qué significaba lo de "Cristo". Y es sólo cuando nos planteamos que Josefo habla de Jesús y Santiago, hijos ambos de Damneo, que finalmente queda claro por qué los judíos se molestarían por la muerte de este Santiago, y el por qué su hermano Jesús se convirtió en sumo sacerdote.

Por supuesto, no hay manera de probar esta corta aparición en un manuscrito original de las Antigüedades, pero todos estos factores juntos establecen un sólido argumento a favor de la duda razonable.

Cuando uno se toma la molestia de buscar la confirmación en la Biblia sobre los testigos históricos contemporáneos (o casi contemporáneos) de Jesús, lo primero que se descubre es que no hay ninguno. Este hecho por sí solo es asombroso. En cuanto al supuesto período del ministerio de Jesús, encontramos que hubo numerosos comentaristas que tuvieron la oportunidad de hacer mención de sus hazañas, sin embargo, ninguno de ellos muestra conocimiento de la existencia de Jesús en absoluto. Y cualquiera pensaría que un hombre que hace milagros nunca antes vistos debería ser digno de mención, y es algo que cualquiera esperaría de historiadores y comentaristas: que escribieran esos eventos. Increíblemente, este silencio se prolonga a lo largo de todo el primer siglo. Los testigos no llegan hasta décadas, incluso siglos, después de la época de Cristo - pero más significativamente, ninguno proporciona la evidencia que se supone se esperaría de ellos.

Es aleccionador darse cuenta de que en toda la historia registrada, en el primer siglo, lo más cercano que se tiene que apoye históricamente la imagen delCristo en los Evangelios sea una falsificación y una sola línea en disputa que con toda probabilidad se refiere a otra persona. Por esta razón, estos dos problemáticos textos de Josefo se disputan con tanta fuerza - estos dos pequeños retazos son, literalmente, todo lo que hay para apoyar históricamente el relato del Jesús de la Biblia en el primer siglo. Y sin embargo, ¿cómo puede ser esto posible?

Jesús tenía que haber sido el más grande humano semidios que por sí solo debería haber captado la atención de toda Judea, Galilea, y tan lejos como Siria y la Decápolis. Los Evangelios afirman que sus enseñanzas extasiaron a multitudes y ultrajaron a las instituciones. Incluso si se consideraran todos los acontecimientos milagrosos que rodean su nacimiento, ministerio, muerte, resurrección y ascensión como leyendas posteriores, tan solo sus enseñanzas deberían haber dejado un impacto en el registro histórico. Y después de todo, a diferencia de todos los sanadores falsos, las miríadas de taumaturgos y falsos mesías, bien documentados en estos tiempos modernos, se supone que Él tenía que ser el auténtico, el que realmente podría hacer lo que los otros no; incluso resucitó a los muertos.

Entre sus cientos de seguidores se decía que estaban los más altos miembros de la sociedad: un funcionario real, un centurión, un líder del templo y los miembros del consejo de gobierno judío, el Sanedrín. Él solo expulsó a los cambistas del templo. Toda la ciudad de Jerusalén lo aclamó cuando entró triunfalmente. Fue detenido de manera espectacular y soportó un tribunal violentamente ilegal de los líderes judíos antes de ser llevado ante Pilatos y el rey Herodes, para luego ser enjuiciado ante toda la ciudad de Jerusalén.

Su muerte - y resurrección - estuvo marcada por espectaculares eventos sobrenaturales: ángeles, terremotos, legiones de santos judíos que regresan de entre los muertos y públicamente se aparecen en Jerusalén, la sobrenatural oscuridad que que cubrió toda la Tierra, o por lo menos la región entera por horas - y muchas cosas más. Y se apareció de nuevo a muchos de sus seguidores, algunos dicen que durante 40 días, antes de ascender corporalmente al cielo ante una multitud de sus seguidores.

A pesar de todo esto, quizá es concebible que tanto romanos como griegos podrían haberse perdido todo el alboroto... pero ¿cómo podría alguien en Judea habérselo perdido? Sin ser capaz de leer al historiador judío Justo de Tiberíades, se podría incluso descontar su omisión de Jesús. Pero el silencio de Filón de Alejandría sobre obra y palabra de Jesús en cualquiera de sus escritos realmente sorprende. Y el silencio de todo historiador o de cualquiera que haya vivido en el momento que le tocó vivir a Jesús va absolutamente en contra de la imagen que de Él se presenta en los Evangelios. Dado el celo que la iglesia primitiva tuvo para aferrarse a cualquier escritura antigua que pudiera ofrecer documentación sobre Jesús, ¿puede realmente creerse que olvidaron, o dejaron de preservar, cada referencia a Él durante los primeros cien años más o menos?

Si incluso una de las historias sobrenaturales que se dicen de Jesús fuera cierta, nadie se molestaría en defender un par de líneas adulteradas en los escritos de Flavio Josefo porque tendríamos cientos de referencias contemporáneas a Jesús. Pero no es así. Si fueran verdad los acontecimientos de la vida de Jesús, realmente deberían ser el evento mejor atestiguado y documentado en la historia humana. En su lugar, los cristianos se ven obligados a luchar con uñas y dientes para defender la veracidad de dos textos altamente sospechosos.

Incluso podríamos esperar tener evidencia física de alguien como Jesús. En lugar de eso, todo lo que tenemos es una historia de dos milenios de reliquias falsificadas y los Evangelios.[7]

Referencias y ligas externas

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  1. Contra Celsus. Libro II. Capítulo 33.
  2. Contra Celsus. Libro I. Capítulo 47.
  3. Marcos 6:1-3 Biblegateway.com Versión Reina Valera.
  4. Flavio Josefo. Antigüedades Judías. Libro XX. Capítulo 9.
  5. Hegesipo y Clemente de Alexandría, citados en Historia Ecclesiastica, Libro II, Cap: 1:3-4 y Cap: 23:4-18
  6. Flavio Josefo. Antigüedades Judías. Libro XX. Capítulo 203.
  7. David Fitzgerald. Ten Beautiful Lies About Jesus. pp 22-30. 2014.
P
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